
Si tienes previsto hacer una escapada a Miranda de Ebro, Burgos, no te quedes solo en su casco urbano y el paseo del río Ebro. Esta ciudad, situada en un punto estratégico entre Castilla y León, La Rioja y el País Vasco, es un campamento base ideal para descubrir algunos de los pueblos más bonitos y paisajes más espectaculares del norte de Burgos.
A menos de una hora en coche encontrarás villas medievales perfectamente conservadas, desfiladeros imponentes, monasterios históricos y cascadas de vértigo.
Aquí tienes una ruta con los mejores pueblos que visitar cerca de Miranda de Ebro, su distancia aproximada y lo imprescindible de cada parada.
A unos 15 minutos de Miranda de Ebro, Santa Gadea del Cid es uno de los conjuntos medievales mejor conservados del norte burgalés. Su recinto amurallado, las calles empedradas y las casas de piedra transportan directamente a la Edad Media.
No te pierdas la Iglesia de San Pedro, de origen románico, ni los restos del castillo que dominan el pueblo. Es un lugar tranquilo, perfecto para pasear sin prisas y disfrutar de la arquitectura tradicional castellana en estado puro.

A solo 18 minutos de Miranda de Ebro se encuentra Pancorbo, encajado de forma espectacular en uno de los desfiladeros más impresionantes de la provincia. Durante siglos fue un paso estratégico clave entre la Meseta y el Cantábrico.
Sobre las paredes rocosas se alzan las ruinas del Castillo de Santa Marta, una fortaleza prácticamente inexpugnable. El entorno natural es ideal para senderismo y fotografía, con vistas que impresionan en cualquier época del año.

A unos 30 minutos de Miranda de Ebro se esconde Valpuesta, un pequeño pueblo con un peso histórico enorme. Aquí se conservan los Cartularios de Valpuesta, considerados uno de los primeros testimonios escritos del castellano.
La Colegiata de Santa María es su gran joya, un conjunto monumental que mezcla estilos románico, gótico y renacentista, rodeado de un entorno verde y silencioso que invita a la contemplación.

Situada a 45 minutos de Miranda de Ebro, Oña es una de las villas históricas más importantes del norte de Burgos. Su gran emblema es el Monasterio de San Salvador, panteón de reyes y condes castellanos y una visita imprescindible.
El casco histórico conserva calles porticadas, plazas animadas y un ambiente muy agradable. Además, su cercanía a los Montes Obarenes la convierte en un buen punto de partida para rutas de naturaleza.

A apenas 45 minutos de Miranda de Ebro se alza Frías, oficialmente ciudad y considerada la más pequeña de España. Su imagen, con las casas colgadas sobre el río Ebro y el Castillo de los Velasco dominando el conjunto, es una de las más icónicas de Burgos.
Cruza su puente medieval, recorre sus empinadas calles y disfruta de uno de los pueblos más fotogénicos de toda Castilla y León.
A unos 35 minutos de Miranda de Ebro, Briviesca sorprende por su cuidado trazado urbano renacentista, diseñado por Juan de Herrera. Es una ciudad histórica con amplias plazas y un aire señorial.
Destacan el Monasterio de Santa Clara y la Excolegiata de Santa María la Mayor, además de un agradable paseo por su casco histórico.
Como parada extra cultural, a 45 minutos de Miranda de Ebro, Poza de la Sal combina un casco urbano con personalidad, un castillo medieval y un histórico complejo de salinas, fundamentales durante siglos para la economía local.
Las vistas desde lo alto del pueblo sobre la Bureba son espectaculares.

Como broche final, a unos 50 minutos de Miranda de Ebro, se encuentra el Salto del Nervión, la cascada más alta de la Península Ibérica, con más de 220 metros de caída libre cuando lleva agua.
El salto se precipita hacia el cañón de Délica, creando un espectáculo natural impresionante, especialmente tras lluvias o deshielo. El acceso al mirador del Nervión es sencillo y ofrece vistas espectaculares incluso cuando la cascada está seca.
Un lugar perfecto para terminar la escapada con naturaleza en estado salvaje.
Miranda de Ebro es mucho más que un punto de paso. Desde aquí puedes descubrir algunos de los pueblos más bonitos y variados del norte de Burgos, combinando historia medieval, monasterios monumentales, paisajes de vértigo y rincones poco conocidos.
Una ruta perfecta para una escapada de varios días que demuestra que esta zona esconde mucho más de lo que imaginas.
Solo queda arrancar el coche… y dejarse sorprender.