La Iglesia de San Martín de Tours es uno de los principales referentes históricos y artísticos de Briviesca, la capital de la comarca de La Bureba. Este templo, que combina elementos del Renacimiento y del Barroco, destaca por su imponente arquitectura, su cuidada ornamentación y su ubicación privilegiada, en el corazón de esta villa burgalesa conocida como "La Bien Trazada". Constituye no solo un lugar de culto, sino también un rincón cargado de historia y arte que atrae a visitantes y estudiosos.
La construcción de la Iglesia de San Martín de Tours se inició en el siglo XVI, coincidiendo con un periodo de auge en Briviesca gracias a su papel como centro comercial y de paso en el Camino de Santiago. Su diseño fue concebido en estilo renacentista, aunque con el tiempo se incorporaron elementos barrocos, lo que refleja las transformaciones arquitectónicas a lo largo de los siglos. El templo fue dedicado a San Martín de Tours, un santo popular en Europa por su caridad y defensa del cristianismo.
A lo largo de los siglos, la iglesia ha sido testigo de importantes acontecimientos en la vida de Briviesca, desde celebraciones religiosas hasta actos cívicos, consolidándose como un emblema de la identidad local.
En la actualidad, la Iglesia de San Martín de Tours sigue desempeñando un papel activo en la vida de Briviesca. Es sede de las principales celebraciones religiosas, como la Semana Santa, fiestas patronales y otras ceremonias locales. El templo está bien cuidado, gracias a esfuerzos conjuntos de la parroquia y las instituciones municipales, que aseguran su conservación y restauración periódica. Asimismo, la iglesia es un punto de interés turístico, siendo visitada por aquellos que desean conocer más sobre la rica historia y patrimonio de La Bureba.
Además de su función religiosa, el edificio acoge conciertos, exposiciones y actividades culturales, reforzando su conexión con la comunidad y el turismo
Este fenómeno, que fue identificado hace solo unos años, refleja la intención de los arquitectos y constructores de la época de alinear el edificio con eventos solares importantes, vinculándolos con el calendario litúrgico. En este caso, el 11 de noviembre, día del santo patrono, el sol entra por una ventana estratégica y proyecta su luz sobre el retablo o una de las tallas, subrayando la importancia simbólica del santo.
La fecha no es casual, ya que coincide con el final del ciclo agrícola en la Europa medieval, un momento clave en la vida de las comunidades rurales. Además, el uso de la luz como recurso simbólico era una práctica habitual en la arquitectura religiosa para transmitir un mensaje de trascendencia divina.







