Oña se encuentra en el norte de la provincia de Burgos, en un enclave privilegiado entre el valle del río Oca y los relieves que anuncian ya las Merindades. La villa se asienta en un entorno natural de gran belleza, marcado por el desfiladero del Oca, bosques, cortados calizos y caminos históricos que desde antiguo comunicaron Castilla con el Cantábrico. Además del núcleo principal, el municipio incluye varias localidades y barrios que comparten paisaje, historia y tradiciones, conformando un territorio amplio y variado que combina naturaleza, patrimonio y vida rural. Oña es hoy una villa tranquila, de tamaño medio, que conserva el pulso de un lugar que fue clave en la historia castellana.
La historia de Oña está estrechamente ligada al nacimiento y consolidación de Castilla. Ya documentada en la Alta Edad Media, su destino quedó marcado en el año 1011 con la fundación del Monasterio de San Salvador por el conde Sancho García, uno de los grandes protagonistas del condado de Castilla. A partir de ese momento, Oña se convirtió en un centro de poder religioso, político y económico de primer orden, influyendo sobre amplios territorios y numerosos monasterios. El monasterio fue también panteón real y nobiliario, acogiendo los sepulcros de condes y reyes, lo que refleja la importancia simbólica y estratégica de la villa en la construcción del reino castellano. Durante siglos, Oña vivió al ritmo del monasterio, de sus dominios y de los caminos que pasaban por sus puertas.
Visitar Oña es adentrarse en uno de los conjuntos históricos más sobresalientes del norte de Burgos. El Monasterio de San Salvador, con su monumental iglesia, su claustro y su imponente presencia, es el gran emblema de la villa, pero no el único atractivo. Calles con sabor medieval, casas blasonadas, iglesias, restos defensivos y un urbanismo que aún conserva la huella de su pasado convierten el paseo por Oña en un viaje en el tiempo. Todo ello se ve reforzado por un entorno natural espectacular, donde el río Oca y los desfiladeros aportan un contraste perfecto entre piedra, agua y vegetación, haciendo de la villa un lugar tan bello como cargado de significado.
Oña ofrece al visitante múltiples experiencias: recorridos culturales por su patrimonio monumental, rutas de senderismo y naturaleza por el desfiladero del Oca y los montes cercanos, paseos tranquilos por sus calles históricas y momentos de descanso en un entorno sereno y acogedor. La gastronomía local, las fiestas tradicionales y el carácter hospitalario de sus vecinos completan una visita que invita a quedarse y a volver. Oña no es solo un lugar que se ve; es un lugar que se siente, ideal para quien busca historia viva, paisajes auténticos y la calma de una villa castellana con siglos de memoria.



