En el extremo oriental de Tolbaños de Abajo, algo apartada del pequeño caserío y en un entorno de ladera y montaña, se encuentra la iglesia parroquial de San Quirico y Santa Julita, uno de los edificios religiosos más singulares del Valle de Valdelaguna. Su interés no reside únicamente en su antigüedad, sino en la convivencia, dentro de un mismo conjunto, de formas heredadas de la arquitectura altomedieval con elementos plenamente románicos. El paisaje serrano que la rodea, unido a la tranquilidad del lugar, permite descubrir un templo que conserva buena parte de la memoria constructiva de estas tierras.
La historia del templo es especialmente interesante porque su construcción parece desarrollarse en distintas etapas. La parte más antigua corresponde a la cabecera y a la nave principal, cuyo carácter prerrománico permite situar su origen, con las debidas cautelas, entre los siglos X y XI. Se trata de una arquitectura vinculada a las tradiciones constructivas altomedievales que pervivieron en las sierras burgalesas durante los primeros tiempos de la repoblación. Sobre esta estructura se incorporaron posteriormente elementos románicos, dentro de la evolución de la denominada Escuela de la Sierra. En época medieval se añadió una segunda nave al sur, probablemente a partir de la primera mitad del siglo XIII, aprovechando además una portada románica fechada en torno al último cuarto del siglo XII. El conjunto fue transformándose con el paso de los siglos, pero sin perder completamente las huellas de sus diferentes etapas.
El templo está construido fundamentalmente en mampostería, con sillares reforzando las esquinas. La cabecera presenta un sencillo testero recto en cuyo centro se abre una estrecha saetera, mientras que en su interior conserva una bóveda de cañón y un arco triunfal que enlaza con la nave. La segunda nave, situada al sur, aporta uno de los elementos más atractivos del conjunto: una portada románica con varias arquivoltas molduradas, columnas y capiteles muy desgastados, en los que todavía pueden reconocerse figuras y animales. Sobre la decoración se conservan también restos de una imposta con pequeños arcos entrecruzados. En el interior destaca una pila bautismal románica, de copa semiesférica decorada con motivos vegetales y geométricos, característica de la tradición escultórica de la Sierra.
Pero quizá el rasgo que más sorprende al visitante sea su torre exenta, situada al norte del templo y separada de la nave por apenas medio metro. De planta cuadrada y construida en mampostería con sillares en las esquinas, conserva en sus muros los antiguos mechinales que permiten distinguir las sucesivas andamiadas utilizadas durante su construcción. El cuerpo de campanas presenta una configuración posterior, probablemente fruto de una reforma. Esta torre independiente constituye uno de los elementos más singulares de la arquitectura religiosa de la Sierra de la Demanda y ayuda a comprender la pervivencia de modelos constructivos antiguos en los templos medievales de la comarca.
La iglesia continúa vinculada a la vida parroquial de Tolbaños de Abajo, bajo la advocación de San Quirico y Santa Julita, y mantiene por ello un valor que va más allá de su interés artístico: sigue formando parte de la memoria y de la identidad de la localidad. Su emplazamiento, ligeramente separado de las viviendas, permite contemplarla en un ambiente especialmente tranquilo, rodeada por el paisaje serrano. El conjunto ha experimentado modificaciones y reparaciones a lo largo de los siglos, como demuestra el diferente aspecto de algunas de sus partes, pero conserva elementos medievales de gran interés. Para el visitante, conviene tener en cuenta que el acceso al interior puede depender de la apertura del templo o de las celebraciones religiosas, por lo que la visita exterior permite apreciar especialmente bien su estructura, la torre independiente y la relación del edificio con el paisaje. La iglesia forma parte, además, del valioso patrimonio románico y altomedieval de la Sierra burgalesa.







