
Panizares se encuentra en el corazón de la Merindad de Valdivielso, al fondo del valle y al abrigo de los relieves que cierran este territorio por el norte, en un entorno dominado por praderas, huertas y el curso cercano del río Ebro. Es una localidad pequeña, tranquila y bien integrada en el paisaje, comunicada por las carreteras locales que recorren el valle y conectan los distintos pueblos de la merindad. Su emplazamiento, discreto pero estratégico, permite disfrutar de la calma rural sin estar aislado, y lo convierte en uno de esos lugares donde el visitante se siente rápidamente acogido.
La historia de Panizares se remonta a la Edad Media, cuando el valle de Valdivielso se fue organizando en pequeños núcleos rurales vinculados a monasterios y señoríos que estructuraban la vida económica y social. Como otros pueblos del entorno, Panizares estuvo ligado a la actividad agraria y ganadera, base de la subsistencia durante siglos, y formó parte del paisaje humano que se desarrolló a la sombra de centros monásticos tan influyentes como San Pedro de Tejada. Su evolución ha sido pausada, marcada más por la continuidad que por grandes rupturas, lo que ha permitido conservar una identidad rural muy reconocible.
Visitar Panizares es descubrir un pueblo auténtico, sin artificios, donde la arquitectura popular de piedra, las calles tranquilas y los espacios abiertos siguen marcando el ritmo de la vida cotidiana. Su iglesia parroquial, las fuentes tradicionales, los caminos que parten hacia el monte y el propio paisaje del valle conforman un conjunto armónico que invita a pasear sin prisas. Es un lugar ideal para quienes buscan conocer el Valdivielso más sereno, ese que no necesita grandes monumentos para dejar huella, porque su valor está en el conjunto y en el entorno.
Panizares es un buen punto de partida para recorrer la Merindad de Valdivielso, realizar rutas de senderismo suaves, disfrutar del cicloturismo o simplemente descansar rodeado de naturaleza. El visitante puede combinar la visita cultural con la gastronomía local, la observación del paisaje y la fotografía, o enlazar el pueblo con otros núcleos cercanos del valle. Es un lugar para detenerse, respirar hondo y entender cómo se ha vivido tradicionalmente en estos valles del norte de Burgos.



