
Potro de Herrar de Condado de Valdivielsso
El potro de herrar de Condado de Valdivielso, en plena Merindad de Valdivielso, es uno de esos elementos sencillos pero cargados de memoria que ayudan a entender cómo era la vida rural tradicional en los pueblos del valle. Situado dentro del propio casco urbano, en un entorno ligado a la actividad ganadera y agrícola, este potro recuerda una época en la que el cuidado del ganado era esencial para la economía y la supervivencia de las familias. Su visita permite al viajero asomarse a un mundo de trabajo duro, saber popular y comunidad, donde cada herramienta tenía una función clara y necesaria.
Historia
El potro de herrar fue construido para facilitar el herraje y cuidado del ganado mayor, especialmente bueyes, vacas y caballos, animales fundamentales para las labores del campo y el transporte. Su uso fue habitual durante siglos, desde la Edad Media hasta bien entrado el siglo XX, cuando la mecanización del campo fue desplazando estas prácticas tradicionales. En Condado de Valdivielso, como en otros pueblos del valle, el potro era un lugar comunitario, utilizado por herradores y vecinos, y también un punto de encuentro donde se compartían noticias, experiencias y ayuda mutua. Aunque no esté ligado a grandes personajes históricos, sí forma parte de la historia cotidiana de generaciones enteras de habitantes del valle.
Características
El potro de herrar de Condado de Valdivielso responde al modelo tradicional de la zona: con postes verticales y elementos de madera y hierro destinados a inmovilizar al animal con seguridad durante el herraje o la revisión de las pezuñas. Su construcción es robusta y funcional, pensada para resistir el uso continuado y el peso del ganado. Integrado de forma natural en el entorno del pueblo, su presencia resulta discreta pero elocuente, y basta detenerse unos minutos para imaginar el trajín, los animales, las voces y el sonido del hierro trabajando sobre la pezuña, hoy en día bajo una tejavana posiblemente instalada después de dejar de usarse para mantenerse en el tiempo.
Uso y conservación
Hoy en día, el potro de herrar se conserva como elemento etnográfico y patrimonial, sin uso funcional, pero con un gran valor cultural. Su estado permite comprender perfectamente su funcionamiento original, y suele formar parte de recorridos locales o paseos por el casco urbano. Es de acceso libre y sigue siendo un símbolo reconocible de la vida tradicional del pueblo, mantenido gracias al cuidado municipal y al respeto de los vecinos, que lo consideran parte de su identidad y de su memoria colectiva.
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