Las ruinas del Monasterio de Santa María la Imperial de Obarenes son un lugar que impresiona nada más acercarse. Se encuentran en la pequeña localidad de Obarenes, en el municipio de Encio, ocultas entre el impresionante paisaje de los Montes Obarenes en la comarca del Ebro. Aunque hoy sus muros han quedado despojados de techos y cubiertas, su presencia evoca siglos de historia y vida monástica en uno de los rincones más evocadores del norte de Burgos. Rodeado de colinas, bosques y barrancos, este antiguo cenobio parece surgir del propio paisaje, invitando al viajero a descubrir un patrimonio escondido repleto de historias y ecos del pasado.
El Monasterio de Santa María la Imperial de Obarenes tiene sus raíces en tiempos altomedievales, en un territorio que desde el siglo IX fue escenario de vida eremítica y espiritual entre montes y valles. Su fundación o, al menos, su gran impulso histórico se sitúa en el siglo XII, cuando el rey Alfonso VII lo reedificó y le otorgó el título de “Imperial”, dotándolo de tierras y privilegios que impulsaron su desarrollo. A lo largo de la Edad Media y hasta bien entrado el periodo moderno, el monasterio fue un foco de vida religiosa y actividad espiritual en la zona, vinculándose a comunidades benedictinas que mantuvieron su influencia hasta el siglo XIX. El edificio sufrió un grave incendio en 1781, aunque fue reparado por la congregación benedictina de Valladolid poco después. Sin embargo, con la exclaustración y las desamortizaciones del siglo XIX, la vida monástica terminó definitivamente en 1835, y el antiguo cenobio quedó abandonado.
Hoy, los restos del monasterio se presentan como un conjunto de muros y espacios arquitectónicos que emergen entre la vegetación y las rocas. A pesar de su estado de ruina, pueden distinguirse las trazas de una iglesia de tres naves terminadas en ábsides poligonales, con restos de bóvedas de crucería que apuntan a la grandeza que debió tener en su tiempo. En la entrada aún se identifica un gran arco ojival abocinado, que recibe al visitante como vestigio de la monumentalidad original. La ubicación entre barrancos y laderas hace que, según la luz del día, el entorno adquiera un aura casi mística, con la piedra desgastada por el tiempo destacando sobre el verdor de la vegetación. Sus muros, cubiertos de hiedra y matices de color cambiante con las estaciones, permiten imaginar cómo debió ser este monasterio cuando era un centro vibrante de vida religiosa.
Hoy el Monasterio de Santa María la Imperial de Obarenes es patrimonio histórico en estado de ruina, declarado en riesgo por organizaciones dedicadas a la conservación del patrimonio. Las estructuras que aún quedan en pie no han sido restauradas, y muchas están cubiertas por vegetación que ha crecido con el abandono. El conjunto es de propiedad privada, por lo que no siempre es posible acceder libremente al interior, aunque desde el exterior o mediante rutas señalizadas se aprecia su silueta y se capta su ambiente evocador. No obstante, su presencia en el paisaje es un recordatorio constante de la importancia que tuvo en su tiempo y de la necesidad de proteger estos vestigios para que no se pierdan para siempre.







