Situado en el extremo nororiental de la provincia de Burgos, el municipio de Encio se alza como una de las puertas de entrada más auténticas a la majestuosidad de los Montes Obarenes. Este territorio, que limita con las tierras de Miranda de Ebro y el desfiladero de Pancorbo, está compuesto por las localidades de Encio y Moriana, integrando también el núcleo de Obarenes, que aunque actualmente se encuentra deshabitado, custodia uno de los legados más importantes de la zona. Es un municipio de escala humana, donde la naturaleza salvaje de los desfiladeros y las paredes calizas abraza a pequeños núcleos de población que conservan intacto el sabor de la Bureba más profunda y fronteriza.
La historia de Encio y sus pedanías es una crónica de espiritualidad y estrategia grabada en piedra. El municipio ha sido testigo del paso de los siglos desde la época medieval, cobrando una relevancia excepcional gracias a la fundación del Monasterio de Santa María la Imperial de Obarenes por el rey Alfonso VIII en el siglo XII. Este centro religioso no solo fue un foco de cultura y poder bajo la orden benedictina, sino que convirtió a estas tierras en un punto de referencia para los viajeros y peregrinos que cruzaban los pasos montañosos. A lo largo de los años, Encio ha mantenido su estructura de señorío y su carácter agrícola, sobreviviendo como un testigo silencioso de la importancia que estas montañas tuvieron en la articulación de la Castilla primigenia.
El mayor atractivo de este rincón burgalés reside en su capacidad para sobrecoger al visitante con su patrimonio monumental enmarcado en una naturaleza indómita. La joya indiscutible es el Monasterio de Obarenes, cuyas ruinas, declaradas Bien de Interés Cultural, todavía conservan la elegancia del gótico y el renacimiento, destacando su imponente iglesia y los restos del claustro que parecen emerger de la propia roca. Pasear por Encio es descubrir una arquitectura popular robusta, iglesias románicas que guardan siglos de rezos y una red de fuentes y caminos que invitan a perder la mirada en el horizonte, transmitiendo una sensación de paz que solo se encuentra en los lugares donde la historia ha decidido detenerse.
Visitar Encio es una invitación directa al disfrute de los sentidos a través del senderismo y la contemplación. Los amantes del aire libre encontrarán rutas espectaculares que atraviesan el Parque Natural de Montes Obarenes-San Zadornil, ideales para la observación de aves rapaces y la fotografía de paisajes escarpados. La experiencia se completa recorriendo el camino que une los diferentes núcleos, permitiendo al viajero sentir la soledad romántica de Obarenes y la hospitalidad de los vecinos de Encio. Es un destino perfecto para quienes buscan un turismo de desconexión, donde el silencio es el protagonista y cada piedra cuenta una leyenda real de reyes, monjes y pastores.



