En lo alto del antiguo Barrio Alto de Encio, dominando el caserío actual y el paisaje que se abre hacia los Montes Obarenes, se alza la Iglesia de San Cosme y San Damián, uno de los templos románicos más singulares del norte de la provincia de Burgos. Este histórico edificio, completamente restaurado y hoy plenamente recuperado, vuelve a lucir con la dignidad que merece, convirtiéndose en un auténtico mirador de piedra sobre el valle. Su silueta recortada contra el cielo y su sólida fábrica transmiten al visitante la sensación de estar ante un lugar especial, cargado de historia y simbolismo.
Rodeada de naturaleza y silencio, la iglesia se integra en el paisaje como si siempre hubiera formado parte de él. Desde aquí se contemplan los montes y caminos que durante siglos comunicaron estas tierras con Pancorbo, Miranda de Ebro y el cercano País Vasco. Visitarla es, además, comprender el origen medieval del propio pueblo, ya que el primitivo asentamiento se organizó en torno a este templo.
Los orígenes de la Iglesia de San Cosme y San Damián se remontan a finales del siglo XII, en plena expansión del románico por estas tierras burgalesas. Sin embargo, la advocación a los santos médicos ya aparece citada en documentos mucho más antiguos, lo que sugiere la existencia previa de un templo anterior en este mismo lugar. Encio fue una aldea vinculada a monasterios y órdenes religiosas, como el cercano monasterio de San Millán de la Cogolla y la Orden de San Juan, que ejercieron influencia en la zona durante la Edad Media.
Durante siglos, la iglesia fue el corazón espiritual y social del pueblo. Aquí se celebraban los oficios, las festividades y los acontecimientos que marcaban la vida de sus vecinos. Con el abandono progresivo del antiguo caserío en los siglos XIX y XX, el edificio sufrió un periodo de deterioro, quedando en estado ruinoso durante décadas. Hoy, tras una profunda restauración, ha recuperado su estructura, su carácter monumental y su valor como símbolo del patrimonio local, devolviendo a Encio una de sus joyas más queridas.
La iglesia es un magnífico ejemplo del románico rural burgalés. Construida en sólida sillería de piedra, presenta una sola nave dividida en varios tramos y rematada por un ábside semicircular que destaca por su elegante proporción. En el exterior, el tambor absidal se articula con columnas adosadas y una ventana central que llama poderosamente la atención por su delicado arco trilobulado, un detalle poco común que aporta un aire singular al conjunto.
Los canecillos que sostienen la cornisa muestran figuras humanas, máscaras y animales tallados con expresividad, detalles que sorprenden al visitante y revelan la riqueza simbólica del románico. La portada sur conserva capiteles decorados con motivos vegetales y figuras esculpidas de notable calidad, testimonio del esmero de los maestros canteros que trabajaron aquí. Sobre el hastial occidental se alza una esbelta espadaña que corona el edificio y refuerza su carácter monumental. Tras su restauración, el interior vuelve a mostrar la fuerza de sus bóvedas y la armonía de sus proporciones, permitiendo imaginar cómo fue la vida espiritual en este enclave medieval.
Después de años de abandono, la Iglesia de San Cosme y San Damián ha sido completamente rehabilitada, asegurando su estructura y recuperando su presencia en el paisaje. Hoy se conserva como patrimonio histórico y cultural, símbolo de la identidad de Encio y de la comarca del Ebro. Su recuperación no solo ha salvado un edificio, sino también una parte esencial de la memoria colectiva del municipio.
El templo puede visitarse como parte del recorrido por el pueblo y su entorno, y se ha convertido en un punto de interés imprescindible para quienes recorren los Montes Obarenes o se acercan desde Pancorbo y Miranda de Ebro. La restauración ha permitido frenar su deterioro y garantizar su conservación para las generaciones futuras, devolviendo a este rincón medieval la dignidad que siempre tuvo.







