El potro de herrar de Gayangos es uno de esos elementos que cuentan la historia del pueblo sin necesidad de palabras. Se encuentra adosado a la casa concejo, en pleno corazón de la localidad, y forma parte inseparable del paisaje urbano y de la memoria colectiva de la Merindad de Montija. Este sencillo pero robusto armazón de madera recuerda un tiempo en el que el trabajo con los animales era fundamental para la vida diaria. Visitarlo permite comprender cómo se organizaba la comunidad rural y cómo estos espacios comunes eran clave para el funcionamiento del pueblo, en un entorno tranquilo, auténtico y profundamente ligado a la tradición.
El potro de herrar fue durante siglos una herramienta imprescindible en los pueblos ganaderos del norte de Burgos. Su origen se remonta a la época en la que el caballo, la mula o el buey eran esenciales para las labores del campo, el transporte y la economía local. En Gayangos, como en tantas localidades de la Merindad de Montija, este potro estaba ligado a la vida concejil: se utilizaba de forma comunitaria y su ubicación junto a la casa concejo no es casual. Aquí se reunían vecinos, herradores y ganaderos para sujetar a los animales y poder herrarlos o curarlos con seguridad. Con el paso del tiempo y la mecanización del campo, el potro dejó de tener uso práctico, pero se conservó como un valioso testimonio de la organización social y del modo de vida tradicional.
El potro de herrar de Gayangos destaca por su estructura de grandes vigas de madera, sólidas y bien ensambladas, pensadas para resistir el peso y los movimientos del ganado. Está formado por varios postes verticales unidos por travesaños, con piezas laterales inclinadas que ayudaban a inmovilizar al animal. El conjunto se encuentra protegido bajo un alero, integrado en la arquitectura popular del pueblo y en perfecta armonía con la casa concejo a la que se adosa. La madera, marcada por el paso del tiempo, conserva un aspecto auténtico que permite imaginar la actividad que hubo aquí durante generaciones. Su sencillez es, precisamente, uno de sus mayores atractivos.
Hoy en día, el potro de herrar ya no se utiliza para su función original, pero se conserva como elemento patrimonial y etnográfico. Es de libre acceso y puede visitarse en cualquier momento, formando parte del paseo por el casco urbano de Gayangos. Su mantenimiento responde al cuidado vecinal y al respeto por los elementos tradicionales que definen la identidad del pueblo. Aunque silencioso, sigue siendo un punto de referencia, un recordatorio visible de la vida comunal y del trabajo compartido que marcó durante siglos la rutina de la localidad.

