La Ermita de Santa Lucía se ubica en uno de los barrios más antiguos de El Almiñe, una localidad emblemática del Valle de Valdivielso (Burgos) que parece surgir entre historia, piedra y paisaje verde. Este pequeño templo, encajado en el barrio conocido precisamente como Santa Lucía o de Abajo, forma parte de un rico conjunto de espacios religiosos tradicionales que acertaron a reflejar la fe y las costumbres de la comunidad rural a lo largo de los siglos. Pasear hasta la ermita es sumergirse en la memoria viva de un valle donde cada piedra cuenta su propio pasado, mientras los campos y caminos antiguos rodean el entorno con la serenidad del paisaje burgalés.
La Ermita de Santa Lucía es un vestigio de la profunda religiosidad popular de El Almiñe y de la subdivisión histórica del pueblo en barrios con sus propias capillas y lugares de culto. El barrio de Santa Lucía o Incinillas, en el extremo bajo de la localidad, hoy conserva esta ermita que en su origen funcionó como parroquial de ese sector del pueblo y que mostró cómo en épocas pasadas cada barrio disponía de su propio templo menor para las celebraciones locales.
Los estudios históricos señalan que la construcción original puede haber formado parte de una edificación medieval posterior transformada en diversas etapas, reutilizando partes de fábrica más antiguas, pues su presencia queda referenciada como ermita desde épocas tempranas ligadas a la vida comunitaria del valle. En catálogos patrimoniales aparece inscrita como Bien de Interés Histórico-Artístico, lo que confirma su valor cultural dentro del conjunto arquitectónico de El Almiñe.
Aunque hoy aparece con modificaciones modernas que mezclan elementos antiguos y reconstruidos, la ermita conserva fragmentos significativos de su estructura primitiva, especialmente las grandes piedras de sillería de su muro meridional que reutilizan parte de la nave de época anterior.
La ermita de Santa Lucía es un templo de nave única con cabecera de testero plano, que manifiesta la austeridad típica de los edificios de devoción rural de la zona. Sus muros combinan sillería y mampostería y en ellos puede apreciarse la reutilización de sillares pertenecientes probablemente a una estructura anterior.
La portada en el muro meridional conserva la esencia de un estilo románico primitivo, aunque reconstruido en tiempos modernos, con un arco de medio punto y decoración sobria que invita a imaginar cómo sería el templo original extendido hacia poniente. La sacristía, adosada al sur de la nave, marca la evolución de la ermita hacia un uso más práctico a lo largo del tiempo.
Su integración en el entorno es uno de sus valores más evocadores: desde la explanada junto a la ermita se abren vistas hacia los campos y las colinas que circundan el valle, y el camino que lleva hasta ella es parte del relato histórico y territorial de El Almiñe. El conjunto invita al visitante a detenerse un momento, imaginar generaciones pasadas entrando en el templo y escuchar el silencio que acompaña la memoria de siglos.
La Ermita de Santa Lucía, si bien ya no desempeña funciones parroquiales regulares como antaño, sigue siendo un símbolo del patrimonio religioso y social de El Almiñe. Su presencia ha sido reconocida como bien integrante del patrimonio histórico-artístico local, lo que garantiza medidas de protección y conservación dentro del catálogo municipal de bienes culturales.
La intervención moderna en la ermita ha respetado gran parte de los elementos antiguos reutilizados en su fábrica, lo que permite al visitante comprender la evolución del edificio sin perder de vista su origen histórico. El acceso es libre y su cercanía al núcleo urbano lo convierte en un punto accesible para quienes recorren a pie las calles del pueblo y sus barrios tradicionales. Aunque no suele contar con visitas guiadas específicas, la ermita forma parte de las rutas culturales y etnográficas por el valle, que incluyen también iglesias, calzadas históricas y casonas señoriales.


