La ermita de Nuestra Señora de Oca es uno de esos lugares que sorprenden por su silencio, su historia y el paisaje que la abraza. Situada a las afueras de Villafranca Montes de Oca, en un entorno natural donde el monte, el agua y los caminos se entrelazan desde hace siglos, esta pequeña ermita emerge como un refugio espiritual y un símbolo de identidad para el municipio. Su cercanía al Camino de Santiago y su ubicación en un paraje de gran belleza convierten la visita en un momento de calma y conexión con la tradición más antigua de la zona.
Los orígenes de la ermita se remontan a tiempos medievales, ligada a un antiguo santuario que, según la tradición, marcaba el paso de peregrinos, caminantes y pastores. Fue un punto de devoción muy arraigado, dedicado a la Virgen de Oca, cuya presencia marcaba el inicio de los Montes de Oca, uno de los tramos más conocidos y exigentes del Camino. Con el paso de los siglos, la construcción ha ido adaptándose y transformándose, manteniendo siempre ese carácter austero y protector. Varios relatos locales hablan de que, en torno a la ermita, existieron asentamientos tempranos e incluso un monasterio medieval, hoy desaparecido, que reforzaría su papel como enclave espiritual.
La ermita presenta una arquitectura sencilla, sólida y profundamente rural, construida en piedra y con una presencia que se funde con el paisaje. Su planta compacta, el pequeño porche de acceso y los muros de mampostería transmiten autenticidad y un encanto sereno. En su interior se conserva la imagen de la Virgen de Oca —muy querida por los vecinos—, junto a elementos que muestran la devoción mantenida durante generaciones. Desde los alrededores se obtienen vistas abiertas hacia los montes y los caminos que convergen en este punto, haciendo de la visita una experiencia tanto patrimonial como paisajística.
Hoy la ermita sigue siendo un lugar vivo, especialmente durante las celebraciones locales dedicadas a la Virgen, donde el pueblo mantiene una tradición que ha pasado de padres a hijos. Aunque el edificio no se encuentra abierto de forma permanente, se conserva con cuidado y respeto, gracias al compromiso de la comunidad y a las labores de mantenimiento realizadas periódicamente. Para quienes realizan el Camino de Santiago o simplemente pasean por los alrededores, la ermita es una parada inevitable, un punto de descanso y contemplación que conserva la esencia más profunda de Villafranca Montes de Oca.






