La Casa Fortificada de los Salazar, situada en la localidad de Salazar, dentro del municipio de Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja, es uno de los testimonios más singulares del pasado señorial de esta histórica villa burgalesa. Sus torres, sus muros de piedra y los escudos que aún recuerdan el poder de sus antiguos propietarios forman parte de un paisaje urbano que conserva una marcada personalidad medieval y nobiliaria. Pasear hasta este conjunto permite comprender por qué Salazar fue durante siglos un lugar ligado a importantes linajes y por qué su patrimonio forma hoy parte esencial del encanto de la localidad.
El edificio se encuentra en el conocido como barrio de las Torres, un espacio donde la arquitectura defensiva y residencial se mezcla con las casas tradicionales y el entorno rural de la villa. No se trata únicamente de una construcción aislada: la casa fortificada ayuda a explicar la propia historia de Salazar, su nombre y la presencia en estas tierras de una de las familias más destacadas de la antigua Castilla. Sus dos torres ofrecen al visitante una imagen poderosa, aunque de proporciones contenidas, y constituyen una de las estampas más reconocibles del conjunto histórico.
La relación entre Salazar y el linaje que tomó su nombre se remonta a tiempos medievales. La tradición histórica sitúa aquí el establecimiento de uno de sus antepasados, que habría levantado una iglesia, una torre y sus dependencias, dando origen a un solar familiar que se mantendría vinculado durante generaciones a los Salazar. La familia alcanzó una notable importancia en los territorios de Castilla la Vieja y participó en las complejas rivalidades entre linajes que marcaron buena parte de la Edad Media.
Uno de los episodios más recordados está relacionado con los enfrentamientos entre las familias Salazar, Velasco y Angulo. Hacia el año 1320, en el contexto de estas luchas nobiliarias, una antigua casa y palacio de los Salazar fue derribada por orden de Sancha Carrillo de Velasco. Según la tradición recogida sobre este suceso, las maderas, tejas y otros materiales fueron retirados con la intención de aprovecharlos en nuevas construcciones. Lope García de Salazar reaccionó reuniendo hombres y regresando a la villa, en un episodio que refleja la tensión existente entre los grandes linajes de la época.
Las torres que pueden contemplarse actualmente pertenecen, sin embargo, a una etapa posterior. Sus características constructivas apuntan a una edificación levantada entre finales del siglo XVI y comienzos del XVII, cuando las antiguas necesidades defensivas habían dado paso a una arquitectura en la que la torre conservaba, sobre todo, su valor simbólico y representativo. La familia mantuvo el recuerdo de su antigua condición y de su solar en Salazar durante siglos, y todavía en el siglo XVII existen referencias a la posesión de la casa, torre y solar por miembros del linaje.
La Casa Fortificada de los Salazar es, por tanto, el resultado de una larga evolución histórica. Sobre el recuerdo de las primitivas construcciones medievales se levantó un conjunto residencial de carácter señorial que mantuvo elementos propios de la arquitectura defensiva. Sus torres no solo protegían y delimitaban una propiedad: proclamaban también el prestigio, la antigüedad y la identidad de la familia que había dado nombre a la localidad.
El conjunto está formado principalmente por dos torres de piedra, acompañadas por una construcción central y otras dependencias vinculadas a la antigua residencia señorial. La disposición del edificio es irregular, ya que se adapta al trazado del camino junto al que se levanta, alejándose de una composición completamente simétrica. Esta adaptación al espacio contribuye a darle un aspecto singular, como si el conjunto hubiera ido creciendo y transformándose con el paso del tiempo.
La torre situada al norte es especialmente interesante. En ella se abre una puerta adintelada y, sobre ella, destacan dos balcones que enmarcan uno de los elementos más llamativos del edificio: un escudo de armas de los Salazar. En otro de sus muros puede contemplarse un ventanal geminado, decorado con molduras y acompañado por otros escudos. Estos detalles recuerdan que, además de vivienda, la casa era una declaración visible del rango y la historia de sus propietarios.
Las dos torres están construidas con sillares cuidadosamente trabajados, mientras que otras partes del conjunto emplean mampostería. En los muros aparecen repartidas de manera irregular saeteras y troneras, algunas con formas que recuerdan antiguas soluciones defensivas. En la parte superior se abren numerosos vanos y las cubiertas, a cuatro aguas, se rematan con aleros apoyados sobre una cornisa moldurada.
Tras las torres se extienden antiguas dependencias complementarias y una amplia huerta cercada, elemento que recuerda el carácter doméstico y autosuficiente de las grandes casas rurales. El acceso a este espacio se realizaba mediante una puerta con arco rebajado. Todo el conjunto combina la solidez de la piedra, la presencia de las torres y la riqueza de sus escudos con una integración natural en el paisaje de Salazar, donde las construcciones históricas y el entorno de huertas y montes forman una imagen de gran personalidad.
La Casa Fortificada de los Salazar se conserva hoy como uno de los elementos patrimoniales más importantes de la villa y como una pieza fundamental para comprender su pasado histórico. Su valor no reside únicamente en las dos torres, sino también en su relación con el conjunto de antiguas casas, palacios y construcciones tradicionales que han convertido a Salazar en un lugar de especial interés patrimonial.
La villa fue reconocida como Bien de Interés Cultural con categoría de Conjunto Histórico, una protección que pone de relieve la importancia de conservar no solo edificios aislados, sino también el paisaje histórico y la estructura tradicional del pueblo. La casa forma parte de ese patrimonio y debe contemplarse dentro del conjunto urbano, respetando su carácter y su condición de inmueble histórico.
Al tratarse de una construcción integrada en el entorno residencial de la localidad, la visita debe realizarse desde el exterior y con respeto a los espacios de propiedad privada. Recorrer el barrio de las Torres permite apreciar sus volúmenes, sus escudos y los detalles de sus fachadas, descubriendo poco a poco las huellas que han dejado en Salazar siglos de historia. La mejor manera de conocerla es incluirla en un paseo pausado por la villa, observando cómo cada edificio contribuye a conservar la memoria de uno de los antiguos solares nobiliarios de las Merindades.







