En el entorno de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves, en Las Machorras, se alza un busto que no representa a un noble, ni a un militar, ni a un santo, sino a una de esas personas imprescindibles que sostienen la memoria de un pueblo: Moisés el Esquilador. Este monumento rinde homenaje a un vecino que, con su palabra, su ingenio y su compromiso, ha sido durante décadas una pieza clave de la cultura pasiega burgalesa. Su presencia en este lugar no es casual, ya que aquí se celebra cada 5 de agosto la Romería de la Virgen de las Nieves, uno de los encuentros más importantes para los pasiegos de las vertientes del Trueba. Visitar este busto es entender que la historia también se escribe desde lo popular y lo cotidiano.
Moisés Gutiérrez-Solana, conocido popularmente como Moisés el Esquilador o Moisitos, fue durante más de medio siglo el principal autor de los versos tradicionales que se recitan en la Romería de la Virgen de las Nieves. Estos versos, declamados por los personajes rituales de la fiesta —como el Mayoral, el Rabadán o el Bobo—, narran con ironía, humor y picardía los acontecimientos del año, reflejando la vida social, ganadera y humana de Las Machorras y su entorno. Cuando esta tradición estuvo a punto de perderse, Moisés asumió de manera natural la responsabilidad de mantenerla viva, componiendo cada año nuevas coplas y adaptando el lenguaje popular a los tiempos, sin perder la esencia pasiega. Su labor no solo garantizó la continuidad de la romería, sino que la consolidó como una de las celebraciones más singulares del norte de Burgos, reconocida por su autenticidad y profundidad cultural.
El busto de Moisés el Esquilador se presenta como una escultura sobria y expresiva, centrada en el rostro, donde destacan la serenidad y la fuerza de la mirada. Está realizado en metal, con una pátina que dialoga con el entorno natural y que refuerza la sensación de permanencia. Se encuentra colocado sobre un pedestal sencillo, integrado en el espacio donde se desarrollan los actos de la romería, muy próximo a la iglesia y rodeado de prados, árboles y muros de piedra. Esta ubicación permite al visitante comprender de un solo vistazo la relación entre la figura homenajeada, la fiesta y el paisaje pasiego que le dio sentido a su obra.
El busto se conserva como elemento de memoria colectiva y patrimonio cultural local, formando parte del recorrido natural de la romería y de la visita al entorno de la Iglesia de Nuestra Señora de las Nieves. Es de acceso libre y se integra en un espacio vivo, especialmente durante las celebraciones del 5 de agosto, cuando vuelve a cobrar pleno significado. Su mantenimiento corre a cargo de la comunidad local, que lo cuida como símbolo del respeto a quienes han transmitido la tradición de generación en generación.


