La Torre de Cantimplor es una joya discreta de la historia medieval que espera al visitante en Espinosa de los Monteros, en el corazón de las Merindades burgalesas. Esta torre, de silueta sobria y potente presencia, se alza en el barrio de Berrueza, rodeada de pastos y próxima a otras construcciones históricas que hablan de un tiempo en que la villa estaba salpicada de torres defensivas y casas fortificadas. No es la más alta ni la más restaurada, pero sí una de las más antiguas, con ese encanto de ruina noble que invita a imaginar la vida en una villa fronteriza y señorial. Si te gusta caminar por el pasado y sentir su presencia, este es un lugar que merece la pena descubrir.
La Torre de Cantimplor fue construida en el siglo XIII, en plena Edad Media, como parte del entramado defensivo y residencial de Espinosa de los Monteros. Fue residencia de los abades de Vivanco y con el tiempo pasó por varias familias nobles, reflejo de cómo la propiedad de estas fortalezas se intercambiaba entre linajes con poder e influencia. En su origen, la torre tenía una planta más y almenas en lo alto, elementos defensivos que con los siglos se perdieron —una señal de la larga vida que ha tenido— y hoy la torre aparece “desmochada”, más baja de lo que fue en su esplendor. Aunque ha sufrido reformas, aún conserva vestigios de saeteras y escudos, testimonios materiales de su función original y de los hombres que en ella vivieron y velaron por la seguridad del entorno.
Hoy la torre presenta una planta rectangular sólida, construida con mampostería y sillería de excelente calidad en sus esquinas y huecos, lo que permite adivinar su esplendor medieval incluso desde fuera. Mide unos 18 metros de largo por 10 de ancho, con muros de más de un metro de grosor, y en su fachada sur conserva una entrada con arco ojival de grandes dovelas muy bien trabajadas, característica del estilo gótico temprano. En su parte superior aún se aprecian dos pequeños ajimeces con escudos nobiliarios de los siglos posteriores, que aportan color y herencia familiar al conjunto. A pesar de las numerosas reformas y aperturas de vanos en épocas modernas, la torre sigue siendo un volumen compacto y poderoso, integrado en el paisaje urbano y natural que la rodea.
La Torre de Cantimplor no tiene un uso funcional en la actualidad, pero su valor histórico está reconocido y protegido, figura como Bien de Interés Cultural desde mediados del siglo XX, lo que subraya su importancia dentro del patrimonio de Espinosa de los Monteros. Se conserva como un monumento visible y accesible desde el exterior, testigo silencioso de la época medieval de la villa. Su mantenimiento responde a la atención patrimonial local, que entiende la torre no solo como ruina, sino como parte del relato histórico que une a vecinos y visitantes con las generaciones pasadas. Aunque no suele visitarse por dentro, su contemplación en el entorno de Berrueza forma parte de cualquier paseo histórico por la villa.




