
Peñahorada es una pequeña localidad de la Merindad de Río Ubierna, situada a unos 18 kilómetros al norte de Burgos capital. Se asienta en un entorno marcado por las formaciones calizas que dan nombre al lugar y se organiza de forma lineal a lo largo de la carretera CL-629, que atraviesa el pueblo de parte a parte y lo conecta directamente con otros núcleos del valle y con el norte de la provincia. El paisaje combina campos abiertos, peñas rocosas y suaves lomas, creando una estampa sobria y auténtica, muy ligada a la tradición rural de esta comarca burgalesa.
La historia de Peñahorada se remonta a los procesos de repoblación de finales del siglo IX, aunque su nombre aparece documentado por primera vez en el año 1011, en relación con la fundación del monasterio de San Salvador de Oña. En la Edad Media se distinguía claramente entre Peñahorada de Dentro, correspondiente a la actual localidad habitada, y Peñahorada de Fuera, hoy despoblada. Desde muy pronto, el lugar quedó vinculado al poder monástico de Oña y al alfoz de Ubierna, pasando por manos de condes y reyes que confirmaron donaciones y derechos sobre sus tierras. Este pasado explica la solidez de su estructura histórica y la relevancia de su patrimonio religioso.
El principal emblema de Peñahorada es la iglesia parroquial de San Esteban Protomártir, verdadero eje del pueblo y testigo de siglos de vida comunitaria. Junto a ella, el caserío tradicional y el trazado de la carretera configuran un núcleo sencillo, pero cargado de identidad. Peñahorada no presume de grandes monumentos ni de artificios turísticos: su encanto reside en la autenticidad, en la continuidad histórica y en la sensación de estar en un lugar que ha sabido mantenerse fiel a sí mismo.
Visitar Peñahorada es detenerse sin prisas, recorrer sus calles tranquilas, observar los detalles de su iglesia y disfrutar del paisaje que la rodea. Es un punto ideal para quienes buscan turismo rural, fotografía, paseos relajados o una parada cultural en rutas por la Merindad de Río Ubierna. Peñahorada ofrece silencio, historia y una hospitalidad discreta, de las que no hacen ruido, pero dejan recuerdo.



