
Peñahorada
Peñahorada es una localidad de la Merindad de Río Ubierna, situada al norte de la ciudad de Burgos y perfectamente reconocible gracias a que la carretera CL-629 la atraviesa por el centro, conectándola de forma directa con el valle y con los pueblos del entorno. El pueblo se asienta al pie de las Peñas de Peñahorada, un impresionante frente calizo que marca una frontera natural clara y rotunda con otras localidades cercanas. Su caserío se organiza de forma lineal, adaptándose al paso histórico del camino y a la topografía del terreno, manteniendo un carácter rural bien definido y habitado.
La historia de Peñahorada está ligada desde época medieval a la organización del territorio de Ubierna y a los procesos de repoblación que dieron forma a estas tierras entre los siglos XI y XIII. El propio nombre del lugar remite directamente a la presencia de la gran peña rocosa que lo protege y define. A lo largo de los siglos, Peñahorada fue una comunidad agrícola y ganadera estable, con parroquia propia y vida concejil independiente, sin depender ni histórica ni administrativamente de Villaverde-Peñahorada, del que siempre estuvo separada física y socialmente por las peñas.
El principal referente patrimonial del pueblo es la iglesia de San Esteban Protomártir, verdadero corazón histórico y espiritual de la localidad. Este templo, visible desde distintos puntos del entorno, resume siglos de devoción y continuidad poblacional. A su alrededor se conservan ejemplos de arquitectura popular, corrales, muros de piedra y caminos tradicionales que refuerzan la sensación de estar ante un pueblo auténtico, sin artificios, donde el paisaje y la historia siguen yendo de la mano.
Visitar Peñahorada es ideal para quienes buscan tranquilidad, paisaje y lectura del territorio. Desde el propio pueblo parten paseos sencillos hacia las peñas, rutas para disfrutar del relieve calizo y recorridos que permiten comprender cómo la carretera, el camino antiguo y el asentamiento han convivido durante siglos. Es un lugar perfecto para detenerse sin prisas, observar la iglesia, caminar entre campos abiertos y descubrir una Merindad de Río Ubierna menos conocida, pero profundamente coherente con su pasado.




