La Ermita de San Pelayo, también conocida como San Pedro el Viejo, se encuentra en Hortigüela, en un promontorio sobre el río Arlanza, muy cerca del histórico Monasterio de San Pedro de Arlanza. Este lugar, lleno de misticismo y leyendas, está relacionado con la historia fundacional de Castilla, y se menciona en diversos romances y poemas. A pesar de su estado ruinoso, la ermita continúa siendo un vestigio fascinante que reúne estilos arquitectónicos que abarcan desde lo prerrománico hasta el barroco.
La historia de la ermita se entrelaza con la del monasterio vecino de San Pedro de Arlanza. Según la leyenda, el conde Fernán González, al perseguir un jabalí, llegó hasta este lugar y se encontró con tres eremitas: Arsenio, Silvano y Pelayo. A raíz de esta experiencia, el conde prometió construir un monasterio en la zona, dando origen al gran monasterio de Arlanza.
Aunque el origen exacto de la ermita es incierto, se cree que existía un lugar de culto anterior, posiblemente de origen visigodo o romano, que fue reutilizado a lo largo de los siglos. La ermita pudo haberse levantado sobre este santuario antiguo, convirtiéndose en un importante punto de referencia religiosa y territorial.
La Ermita de San Pelayo muestra una interesante mezcla de estilos arquitectónicos. La estructura principal es románica, construida probablemente entre los siglos XII y XIII, aunque incluye elementos de diversas épocas.
Actualmente, la ermita de San Pelayo está en un estado de ruina. Sin embargo, su importancia histórica y simbólica ha llevado a asociaciones culturales y a los vecinos de la zona a hacer esfuerzos de conservación. A pesar de su valor patrimonial, las medidas de consolidación son mínimas, y la estructura enfrenta un riesgo significativo de deterioro debido a la erosión y el abandono.






