El Hotel Landa, situado a escasos minutos al sur de Burgos capital y junto a la autopista A-1, es mucho más que un alojamiento: es una fusión sorprendente entre historia medieval y hospitalidad moderna que invita al viajero a detenerse y descubrir una pieza única del patrimonio burgalés. Su elemento más emblemático es la antigua Torre de Albillos—también conocida como Torre de Landa—una construcción medieval trasladada piedra a piedra desde la localidad de Albillos hasta este lugar estratégico, donde hoy acoge estancias, rincones singulares y se alza como símbolo visible de bienvenida a la ciudad. Lo que empieza como una parada tradicional de carretera se transforma aquí en una experiencia que combina historia, arquitectura, gastronomía y descanso en un entorno urbano pero con aire de retiro campestre.
Historia La historia del Hotel Landa está profundamente marcada por la Torre de Albillos, una edificación defensiva de finales del siglo XIV que originalmente se encontraba en el municipio de Albillos, a pocos kilómetros de Burgos. Esta torre formaba parte del patrimonio arquitectónico medieval de la zona y pasó por manos de destacadas familias nobiliarias a lo largo de los siglos XV y XVI. En 1964, la familia Landa adquirió esta torre y, en un gesto insólito y minucioso, ordenó que fuera desmontada piedra a piedra para ser trasladada hasta el actual emplazamiento del hotel, donde se reconstruyó como pieza central del complejo. Antes de esta transformación, el terreno era el lugar donde a finales de los años 50 se había levantado un restaurante de carretera pensado para los viajeros que enlazaban Madrid con el norte de España. Con el tiempo, el establecimiento fue creciendo: de simple casa de comidas a mesón, luego a hostal familiar y, tras la incorporación de la torre medieval, pasó a convertirse en un hotel con personalidad propia que ha evolucionado hasta ofrecer una experiencia de alto nivel sin renunciar a su carácter histórico.
Características El Hotel Landa es un conjunto arquitectónico en el que la Torre de Albillos actúa como corazón visual y estructural. La torre conserva en gran medida su planta cuadrada y muros de sillarejo, con vanos y algunas almenas que recuerdan su origen medieval, aunque adaptados para su uso actual. Es un fragmento del pasado que se integra en un complejo contemporáneo con salones, jardines y espacios de descanso diseñados para el confort del huésped. Las habitaciones dentro de la torre y el edificio anexo mantienen detalles originales como vigas de madera, muros de piedra y techos abovedados, mientras que las zonas comunes ofrecen comodidades contemporáneas, incluyendo una piscina cubierta climatizada bajo bóvedas que evocan la estética gótica, espacios de descanso luminosos y rincones decorados con un gusto que mezcla tradición y elegancia. La integración de la torre en el trazado del hotel crea un equilibrio evocador entre pasado y presente: al pasear por sus salas o disfrutar de una comida y una estancia aquí, el visitante se siente como en un palacio rural atemporal, donde la historia y la modernidad conviven con naturalidad.
Uso y conservación La Torre de Albillos hoy no es solo una ruina restaurada ni un simple adorno histórico: es parte del hotel, accesible como alojamiento para quienes eligen dormir en sus estancias históricas. Esta reutilización ha garantizado su conservación continua, evitando el abandono que sufren muchas construcciones similares. El conjunto se mantiene en perfecto estado gracias al mantenimiento privado del hotel, que ha sabido preservar la esencia medieval de la torre mientras la adapta a las necesidades del turismo contemporáneo. Aunque el acceso interior está reservado normalmente a clientes del hotel, la torre puede admirarse desde el exterior y constituye un hito visual inconfundible para cualquier viajero que llega a Burgos por carretera. Su presencia es ya un símbolo de la ciudad, al combinar la memoria histórica con la vitalidad de la vida actual.






