La Cascada de San Miguel es uno de los espectáculos naturales más impresionantes y poco conocidos de la provincia de Burgos. Oculta en el Valle de Angulo, una estrecha y verde depresión montañosa en el extremo oriental del Valle de Mena, esta cascada ofrece un salto de agua espectacular enmarcado por las escarpadas rocas de la Sierra Salvada. No es un salto permanente, sino un fenómeno que se muestra con toda su fuerza en épocas de lluvias intensas o deshielo, lo que convierte su contemplación en una experiencia especial y evocadora. La cascada forma parte de un paisaje donde la roca, el agua y el bosque se combinan para crear un rincón de enorme belleza natural que merece la pena descubrir.
La Cascada de San Miguel no es una construcción humana, sino el resultado de procesos geológicos y climáticos que han moldeado el Valle de Angulo durante milenios. El río San Miguel —que recibe también el nombre de río Angulo— nace en la Cueva de San Miguel el Viejo y, en su recorrido inicial, se precipita por los farallones calizos de Peña Angulo en un salto que supera los 200 metros de altura. Este fenómeno natural ha marcado históricamente la percepción del valle, siendo un punto de referencia en las antiguas rutas montañeras y pastorales que unían las tierras interiores con los pasos hacia Cantabria y el País Vasco. Aunque no existen leyendas escritas ampliamente difundidas sobre la cascada, en la tradición oral de los pueblos del valle siempre ha sido un lugar admirado y respetado por su fuerza y belleza, visible sólo en momentos especiales del año.
La cascada es un imponente salto de agua de más de 200 metros, que se precipita en forma de “cola de caballo” desde los cortados calizos que dominan el valle. Su forma y volumen varían enormemente según la época del año: en periodos de lluvias o en primavera, cuando la nieve se derrite en las alturas, el salto se muestra en todo su esplendor; en verano o en épocas secas, el cauce puede reducirse considerablemente o incluso desaparecer temporalmente.
El entorno que la rodea es una mezcla de roca caliza, bosque atlántico y praderas montañesas, lo que crea un escenario de gran contraste y belleza visual. El acceso se realiza tras un sendero que comienza en el entorno del Puerto de Angulo, donde también hay aparcamiento y señalización, y desde donde se puede observar la cascada desde distintos puntos panorámicos.
La Cascada de San Miguel es un recurso natural de libre acceso, integrado dentro del rico patrimonio natural del Valle de Angulo. No cuenta con infraestructuras turísticas complejas, lo que mantiene su entorno prácticamente virgen y su visita auténtica. El lugar es frecuentado por amantes del senderismo, la fotografía y la naturaleza, especialmente en las estaciones en que el salto de agua está activo. Su conservación depende del respeto que muestren los visitantes por el entorno: no hay servicios turísticos permanentes, por lo que es importante llevar lo necesario para la excursión y dejar el lugar tal como se encuentra. Este carácter casi “secreto” hace que su contemplación sea todavía más especial.