
Estatua a Juana I de Castilla
El busto de Juana I de Castilla es uno de esos puntos de interés que dota de historia viva a Santa María del Campo, una villa castellana cuyo nombre resuena con fuerza en la memoria de la provincia de Burgos. Esta escultura se halla junto a la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, en un lugar emblemático del casco urbano, y rinde homenaje a una figura histórica que pasó por esta localidad en uno de los episodios más singulares de su vida. Juana I de Castilla, también conocida como Juana la Loca, dejó su impronta en esta villa durante su viaje con el féretro de su esposo Felipe I, momento que quedó registrado en la memoria colectiva y que hoy se recuerda con esta obra artística. Su presencia no sólo aporta valor histórico, sino que invita al visitante a contemplar un capítulo fascinante de la historia de Castilla y de España desde la misma plaza donde se ubica el busto.
Historia
La figura de Juana I de Castilla emerge en Santa María del Campo en un momento marcado por el dolor, la lealtad y la devoción. Tras la muerte de su esposo, Felipe I, apodado “el Hermoso”, en Burgos en 1506, Juana decidió acompañar el ataúd del monarca en una larga travesía con intención de trasladarlo a Granada para su entierro, dando lugar a una de las historias más conmovedoras y recordadas de su biografía. En 1507, durante ese cortejo fúnebre, la comitiva hizo una parada prolongada en Santa María del Campo, donde la reina permaneció varias semanas cuidando de su esposo mientras la villa se convertía en una residencia temporal de la corte y en escenario de importantes acontecimientos históricos.
Ese paso dejó huella no sólo en la crónica histórica, sino también en la tradición local, que ha mantenido viva la memoria de la presencia de Juana en la villa. La escultura del busto se inauguró décadas después, en agosto de 2014, como símbolo de reconocimiento a aquel episodio y como una forma de acercar al viajero a una historia apasionante que combina poder, amor y tragedia.
Características
El busto de Juana I de Castilla es una obra de bronce concebida por el artista Sergio García, que representa a la reina de manera sobria y emotiva. La escultura, de proporciones moderadas, está colocada sobre un pedestal en la Plaza de la Trinidad, justo al lado de la iglesia de Santa María del Campo, lo que refuerza la importancia de su figura en el contexto urbano y cultural de la villa.
El diseño del busto se enmarca en un realismo expresivo que transmite la fuerza interior y la complejidad emocional de Juana, una mujer que, más allá de los apodos que la historia le puso, fue protagonista de uno de los relatos más intensos de la monarquía castellana. El material —bronce—, su color oscuro y su textura pulida captan la atención del visitante, invitándole a detenerse y pensar en la historia que hay detrás. El conjunto, aunque moderno en su factura artística, se integra con armonía en el entorno tradicional de la plaza, rodeado de arquitectura histórica y del paisaje urbano que ha visto pasar siglos de historia.
Uso y conservación
El busto de Juana I de Castilla se conserva como un elemento patrimonial y cultural de acceso libre, formando parte del camino que sigue el visitante por el centro histórico de Santa María del Campo. A diferencia de monumentos antiguos de piedra, esta obra contemporánea se mantiene en perfecto estado gracias a su material duradero y al cuidado municipal, que vela por su limpieza, mantenimiento y buena conservación.
No se trata de un museo cerrado ni de una pieza inaccesible: el busto invita a ser contemplado desde todos los ángulos, fotografiado y entendido como punto de parada en la visita al pueblo. Para muchos vecinos y visitantes, este lugar funciona también como recordatorio de un episodio que une el castillo de la historia personal de Juana con la geografía humana y urbana de la villa.

