
Mirador de Santa Casilda
El Mirador de Santa Casilda es una de las joyas paisajísticas menos conocidas pero más espectaculares de la Bureba y se sitúa en las cercanías de Salinillas de Bureba, muy cerca del emblemático Santuario de Santa Casilda. Aunque no forma parte directamente del complejo del santuario, este mirador en una loma cercana ofrece una panorámica impresionante de la vasta llanura de La Bureba, los relieves de los Montes Obarenes y los perfiles suaves que dibujan los montes cercanos, convirtiéndolo en un punto ideal para contemplar el paisaje burebano en toda su amplitud. Su ubicación, accesible desde la carretera que bordea la loma, lo hace perfecto para una parada breve o un momento de contemplación al iniciar o finalizar la visita al santuario y al municipio de Salinillas.
Historia
El origen del mirador no responde a una construcción histórica formal como un monumento, sino más bien a la apropiación natural del paisaje como punto de observación, donde el relieve local se presta a contemplar La Bureba en toda su extensión. Su cercanía al Santuario de Santa Casilda lo ha convertido con el tiempo en un lugar de tránsito y de descanso para los visitantes y peregrinos que se acercan hasta la zona. No hay constancia de que este mirador fuera concebido como un elemento urbano en sí mismo, sino que su valor nace de la posición estratégica de la loma y del aprecio que los viajeros y locales le han dado a ese balcón natural sobre la comarca. Con el paso de los años ha ganado relevancia como escenario visual abierto, conectando la devoción del santuario con la inmensidad de las tierras y cerros que marcan la historia humana y natural de la Bureba.
Caracteristicas
Hoy, el Mirador de Santa Casilda se presenta como un espacio natural sin elementos arquitectónicos formales, aunque en algunos puntos cuentan con pequeños apoyos o zonas acondicionadas para facilitar la estancia del visitante. Desde este punto, el paisaje se despliega en un abanico de colores según la estación del año: los tonos dorados y verdes de los campos, las líneas horizontales que definen la llanura, las cumbres lejanas y, en días claros, un horizonte que parece no tener fin. La ausencia de estructuras invasivas hace que la atención se centre en lo verdaderamente espectacular: las vistas abiertas de La Bureba, donde se distinguen los perfiles de los montes por el norte y los relieves que marcan el sur de la comarca.
Uso y conservación
El mirador es de libre acceso y uso público, sin horarios ni barreras, y puede visitarse en cualquier momento del año. Más allá de ser simplemente un lugar para detenerse a mirar, forma parte de la experiencia de conocer La Bureba: es un punto de contemplación que une naturaleza, geografía y la historia de un territorio que ha sido moldeado por el agua del Ebro, los vientos y la vida rural. Para muchos visitantes, detenerse aquí se ha convertido en un momento imprescindible de la visita, sobre todo al atardecer, cuando la luz tiñe de oro y sombras largas las tierras de cultivo y los montes


