La Ermita de San Roque es uno de esos lugares con encanto que nos hablan de la devoción, la historia y la vida tradicional de Roa de Duero. Situada en el margen izquierdo del río Duero, muy cerca del puente mayor que cruza las aguas y envuelta por viñedos propios de la Ribera del Duero, esta pequeña construcción se alza en un punto inspirado por la armonía entre naturaleza, fe y cultura local. Su posición, algo retirada del bullicio del casco urbano, invita al visitante a caminar entre paisaje y silencio hasta llegar a un lugar que ha sido siempre referente espiritual para los raudenses y que ofrece un momento de recogimiento con vistas amplias sobre el valle.
La historia de la Ermita de San Roque se remonta al siglo XVI, cuando ya existía en Roa un culto popular a este santo patrón venerado por su protección ante epidemias y dificultades. Con el paso del tiempo, la antigua ermita —más modesta y rústica— fue decayendo, hasta que en 1753 se culminó la construcción del edificio actual, que sustituyó a aquella primitiva capilla y quedó consagrado con la advocación de San Roque, patrón de la villa.
Desde entonces, esta ermita ha sido un punto de referencia para los vecinos y visitantes, especialmente durante mediados de agosto, cuando las fiestas patronales en honor a San Roque cobran vida con romerías, procesiones y celebraciones que unen a jóvenes y mayores en torno a la historia y las tradiciones de Roa. La advocación a San Roque está profundamente arraigada en la cultura local, ligada a momentos de esperanza, protección comunitaria y agradecimiento por tiempo de cosechas, salud y convivencia.
La Ermita de San Roque es un edificio de planta rectangular y una única nave, con muros de mampostería y fachada de piedra labrada que conservan la sobriedad típica de las construcciones castellanas del siglo XVIII. La fachada principal está flanqueada por contrafuertes y coronada por una sencilla espadaña con una campana, que en otros tiempos llamaba a misa y a rogativas, y hoy sigue siendo un elemento visual que caracteriza su perfil.
Su entorno inmediato está marcado por los viñedos que bordean Roa, lo que da al lugar un aire singular: caminando hacia la ermita se siente la cercanía de la tierra y la vida agrícola que ha marcado la identidad de la Ribera del Duero durante generaciones. El interior, sin grandes ornamentos, alberga un altar dedicado a San Roque, representado con sus atributos tradicionales de peregrino, y mantiene una atmósfera de recogimiento que invita a la reflexión.
Hoy en día la Ermita de San Roque sigue teniendo una función activa en la vida religiosa y social de Roa. Además de su uso como lugar de culto, la ermita es el eje de las celebraciones patronales que tienen lugar en agosto, cuando vecinos y visitantes realizan la tradicional bajada desde el pueblo hasta el templo para presentar sus respetos y participar en actos litúrgicos y festivos.
El edificio ha sido conservado y mantenido con cariño por la comunidad local, respetando su carácter tradicional y evitando intervenciones que desnaturalicen su aspecto original. Se puede visitar de forma libre, y su ubicación junto al Duero también lo convierte en una parada recomendable para quienes recorren las rutas naturales o enoturísticas de Roa, combinando patrimonio, paisaje y fe en un mismo trayecto.

