El Arco de la Fuente es una de las tres puertas que aún se conservan de la antigua muralla de Santa María del Campo, una villa de gran prosperidad durante el siglo XVI. Esta puerta, ubicada en el perímetro de la localidad, jugó un papel importante en la vida diaria de los habitantes y en la economía local. Aunque las funciones de la muralla eran más administrativas que defensivas, el Arco de la Fuente era un acceso esencial tanto para los rebaños trashumantes como para los que buscaban abastecerse de agua en la fuente cercana.
En su época de esplendor, Santa María del Campo fue un importante centro agrícola y ganadero, así como un lugar de referencia en el Reino de Castilla. La villa llegó a ser sede de la Corte Real en varias ocasiones, lo que aumentó su relevancia y consolidó su crecimiento económico. La muralla que rodeaba el pueblo era testigo de este auge, y dentro de sus puertas, el Arco de la Fuente tenía un papel destacado.
El arco recibía su nombre debido a su cercanía a la fuente de la villa, a la que los habitantes acudían para abastecerse de agua. Además, este acceso era un punto clave en la trashumancia, ya que por él pasaban los grandes rebaños de ovejas que se desplazaban hacia el sur, hacia Extremadura, y regresaban tras la temporada de pastoreo. Este tránsito de ganado era fundamental para la economía local, ya que la ganadería era una de las principales actividades de la villa.
En la puerta también se encontraba la cárcel local, un pequeño espacio destinado a aquellos que cometían delitos o infracciones en la zona. Este detalle añade una dimensión interesante al papel del arco, no solo como acceso para la población, sino también como un lugar vinculado a la justicia y el orden local.
El Arco de la Fuente es un ejemplo de arquitectura medieval funcional, con un diseño sencillo pero robusto, adecuado para cumplir con sus diversas funciones. Aunque la mayor parte de la muralla ha desaparecido con el paso del tiempo, este arco sigue en pie, ofreciendo una ventana al pasado de Santa María del Campo.
Hoy en día, el Arco de la Fuente es uno de los pocos restos que sobreviven de las antiguas fortificaciones de Santa María del Campo. Aunque su función original ha desaparecido, el arco se ha mantenido como un testigo del pasado de la localidad y su importancia en la historia de Castilla. La estructura ha sido preservada en buen estado, y su presencia es una parada obligatoria para quienes desean conocer más sobre el pasado medieval de la villa.




