La Iglesia de San Pedro Apóstol preside el barrio alto de San Felices del Rudrón, una de las localidades más pintorescas del municipio de Tubilla del Agua. Levantada sobre la ladera que asciende hacia los páramos que rodean el valle del Rudrón, su silueta domina el caserío de piedra y forma parte inseparable del paisaje de este rincón del noroeste burgalés. Desde su privilegiada ubicación ofrece una magnífica panorámica del pueblo y de las montañas calizas que lo rodean, convirtiéndose en una visita imprescindible para quienes desean conocer el patrimonio histórico y artístico del valle.
A primera vista sorprende por su aspecto gótico, pero tras sus muros se esconde una de las muestras más refinadas del románico tardío de la comarca. La convivencia entre ambos estilos convierte a esta iglesia en un auténtico libro de piedra que permite recorrer varios siglos de historia de la arquitectura burgalesa.
La primitiva iglesia de San Pedro Apóstol fue construida durante las últimas décadas del siglo XII, en pleno desarrollo del románico en el valle de Sedano y del Rudrón. De aquel primer templo se conservan importantes restos reutilizados en la gran reforma emprendida entre finales del siglo XV y comienzos del XVI, cuando el edificio fue ampliado siguiendo los modelos del gótico final.
La reconstrucción respetó buena parte del antiguo muro meridional y el hastial occidental del templo románico, integrándolos en la nueva fábrica. Gracias a ello han llegado hasta nuestros días algunos de sus elementos más valiosos, especialmente las tres extraordinarias ventanas románicas cegadas que permanecen ocultas parcialmente en los muros.
Los estudios sobre estas esculturas han permitido relacionarlas con los talleres que trabajaron en la cercana iglesia de San Esteban de Moradillo de Sedano, una de las grandes obras maestras del románico burgalés. La calidad de su decoración vegetal y figurativa demuestra que San Felices del Rudrón formó parte de uno de los focos artísticos más destacados del norte de Castilla durante el siglo XII.
A lo largo de los siglos la iglesia ha continuado siendo el principal templo parroquial de la localidad, adaptándose a las necesidades litúrgicas de cada época sin perder la esencia de sus orígenes medievales.
La iglesia presenta actualmente una única nave dividida en dos amplios tramos cubiertos por elegantes bóvedas de crucería. El tramo oriental, que actúa como capilla mayor, incorpora terceletes y combados característicos del gótico final, mientras que el occidental utiliza una crucería más sencilla. La portada se abre hacia el norte y una sólida torre de planta cuadrada se levanta a los pies del templo.
Sin embargo, el verdadero tesoro del edificio se encuentra en los restos románicos conservados. En el muro sur pueden contemplarse dos antiguas ventanas cegadas de extraordinaria riqueza ornamental, cuyos arcos aparecen completamente cubiertos por hojas, tallos, piñas y delicados motivos vegetales esculpidos con una calidad excepcional. Sus capiteles muestran composiciones de acantos, hojas lobuladas y entrelazos de gran naturalismo.
Especialmente llamativa resulta una de estas ventanas, cuyo tímpano interior alberga el relieve de una gran ave rapaz con las alas desplegadas sujetando entre sus garras una rama o quizá una serpiente. Se trata de una representación de enorme fuerza expresiva y gran calidad artística, considerada una de las mejores esculturas románicas conservadas en esta zona de Burgos.
También merece atención la ventana situada en el hastial occidental, visible desde el coro, decorada con elegantes palmetas inscritas en clípeos y capiteles vegetales que recuerdan claramente el refinado estilo desarrollado en Moradillo de Sedano.
El conjunto, construido con piedra caliza de la comarca, conserva además la sobriedad característica de las iglesias rurales burgalesas, perfectamente integrada entre las viviendas tradicionales de San Felices del Rudrón.
La iglesia continúa desempeñando su función como templo parroquial y sigue siendo el principal centro religioso de San Felices del Rudrón, especialmente durante las celebraciones dedicadas a San Pedro Apóstol y otras festividades locales.
Su conservación ha permitido mantener tanto la estructura gótica como los valiosos restos románicos incorporados durante la reconstrucción del edificio. La integración de ambas etapas arquitectónicas convierte al templo en un magnífico ejemplo de evolución histórica del patrimonio religioso burgalés. La visita al exterior permite admirar sus elementos medievales, mientras que el interior puede conocerse durante las celebraciones religiosas o cuando permanece abierto al público.



