El Puente Malatos es uno de los pasos históricos más evocadores del Camino jacobeo a su paso por la ciudad de Burgos. Situado sobre el Río Arlanzón, este antiguo puente permitía a los peregrinos continuar su ruta hacia el emblemático Hospital del Rey, uno de los centros asistenciales más importantes del Camino de Santiago en la Edad Media.
El entorno combina naturaleza, historia y espiritualidad, en un tramo tranquilo del río donde el murmullo del agua y la vegetación de ribera acompañan al viajero. A poca distancia del centro urbano, el puente se integra en un paisaje que conserva el espíritu de acogida y tránsito propio de la tradición jacobea.
Visitar este lugar permite comprender la importancia histórica de Burgos como ciudad clave del Camino, además de disfrutar de un espacio cargado de simbolismo donde durante siglos miles de peregrinos cruzaron en busca de descanso, cura o esperanza.
El Puente Malatos tiene su origen en la Edad Media, vinculado directamente al tránsito de peregrinos hacia Santiago de Compostela y a la actividad asistencial del cercano Hospital del Rey, fundado en el siglo XIII por el rey Alfonso VIII para atender a los caminantes.
Su nombre se relaciona tradicionalmente con la presencia en las inmediaciones de un lazareto o lugar destinado a la atención de enfermos, especialmente leprosos —conocidos antiguamente como “malatos”—, lo que explica su estrecha relación con la función sanitaria y caritativa del entorno. El puente facilitaba el acceso seguro al hospital y formaba parte de la red de infraestructuras destinadas a la asistencia del peregrino.
A lo largo de los siglos, el puente ha experimentado reformas y consolidaciones para asegurar su conservación, adaptándose a las necesidades del paso sin perder su carácter histórico. Su permanencia refleja la importancia de Burgos como enclave fundamental en la red de caminos medievales y en la tradición hospitalaria vinculada a la peregrinación.
El puente presenta una estructura de piedra sobria y funcional, característica de las construcciones medievales vinculadas a rutas de tránsito. Sus sólidos elementos constructivos, pensados para resistir el paso del tiempo y las crecidas del río, transmiten sensación de estabilidad y permanencia.
Se integra con naturalidad en el paisaje fluvial del Arlanzón, rodeado de vegetación y espacios abiertos que invitan al paseo y la contemplación. Desde el puente se obtienen agradables vistas del cauce del río y del entorno histórico que lo rodea, en un espacio donde naturaleza y patrimonio se combinan de forma armoniosa.
Su sencillez arquitectónica es precisamente uno de sus mayores atractivos, ya que refleja el carácter práctico de las obras destinadas al servicio de los peregrinos. Caminar sobre él permite imaginar el continuo ir y venir de viajeros que durante siglos recorrieron estas tierras.
En la actualidad, el Puente Malatos se conserva como paso peatonal y como elemento patrimonial vinculado al Camino de Santiago. Forma parte del itinerario histórico que atraviesa la ciudad de Burgos y sigue siendo utilizado por peregrinos y visitantes que recorren la ruta jacobea.
El acceso es libre durante todo el año y su conservación se integra dentro de las actuaciones de mantenimiento del patrimonio histórico y del entorno fluvial. Más allá de su función práctica, el puente mantiene un fuerte valor simbólico como testimonio de la tradición hospitalaria y del espíritu de acogida que caracterizó a la ciudad durante siglos.
Hoy continúa siendo un lugar de tránsito, memoria y encuentro, donde la historia permanece viva en cada paso.



