
Salas de Bureba se encuentra en el noreste de la provincia de Burgos, a apenas seis kilómetros de Oña y en dirección a Poza de la Sal, ocupando una posición estratégica en el borde oriental de La Bureba. El pueblo se abre directamente hacia el Valle de las Caderechas, del que es tradicionalmente la principal puerta de entrada y su referencia histórica. Rodeado de campos cultivados, suaves lomas y caminos antiguos, Salas aparece como un núcleo compacto, con su iglesia integrada en el entramado urbano y una clara vocación de lugar central dentro del territorio.
La historia de Salas de Bureba está bien documentada y arranca muy pronto. Aparece citada por primera vez en el año 1084 en un documento del monasterio de San Salvador de Oña, aunque su pasado se remonta aún más atrás. Ya en el año 966 existía aquí un monasterio benedictino, que mantuvo su independencia hasta que en 1011 quedó vinculado a Oña, según el documento fundacional firmado por el conde Sancho García y su esposa doña Urraca, con su hija Tigridia como abadesa. A lo largo de los siglos XI y XII, Salas aparece de forma reiterada en donaciones, herencias y vínculos eclesiásticos, como la serna donada en 1067 por Sancho II, o las disposiciones de Pedro Díaz, que eligió la iglesia de Santa María como lugar de enterramiento, dejando constancia del peso religioso y social de la villa.
Este legado histórico convierte a Salas de Bureba en uno de los pueblos con mayor profundidad patrimonial del entorno de Las Caderechas. Su condición de capital histórica del valle, aunque hoy no exista una entidad administrativa como tal, sigue siendo perceptible en su papel vertebrador y en la riqueza de su pasado. La iglesia, las trazas del caserío tradicional y el recuerdo de su antiguo monasterio hablan de un lugar que fue centro espiritual, agrícola y humano durante siglos, cuando estas tierras eran clave en la organización del territorio.
Hoy, visitar Salas de Bureba es asomarse a un paisaje cultural bien conservado, ideal para recorrer con calma. Desde aquí parten rutas hacia Las Caderechas, paseos por caminos históricos y recorridos que combinan naturaleza, patrimonio y gastronomía. Es un lugar perfecto para entender el carácter del norte burgalés, disfrutar del silencio del campo, descubrir pueblos cercanos y dejarse llevar por una historia que no se muestra a gritos, pero que está presente en cada rincón.